SILVINO EDWARD
SILVINO EDWARD

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Cosas de caos

Hice un pacto con el monje que está en mí, para que derrotara al corsario que está a su lado. Una de las cosas que más quiere sentir, mi corazón liviano llama calma, para restaurar a corazones con mechas el tamaño de pesetas. Para ser algo de herbívoro, para que la resolución de conflictos no sea a cantazo limpio, que no falte bozal por si las malas noticias. Para no dejar que la víbora salga a picar con sus cartuchos que entumecen con su radioactividad.

Las costumbres van tatuadas a la cara y la gente se da cuenta de inmediato de lo que nos estremece. La ira nos pone roncos al momento de los insultos como jinetes de guerra. Movimientos egoístas porque a todos nos gustan las cosas tibias, como esperar que no llueva. Así me gustan las personas, que al lado de minas no me paro, mientras intento vivir para compadecerme. Así le quito el volumen al rabioso y su collar de bravo, sin alivio para reírse de sí mismo, latiendo pistones de tren.

Hay hombres que no esperan nada de los demás, y suponen que eso justifica su apatía. Los que se le pone el rostro rojo sangre apuestan al poder de que los demás le huyan a sus confrontaciones. Perdónalos cuando ladren, que como perros, no saben que la emoción humana es tanta, que prefiere miel a los alambres.

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