SILVINO EDWARD
SILVINO EDWARD

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Gente con nada que esconder

Habla conmigo y en mis ojos verás el color de lo que no le enseño a nadie. Los secretos son para hombres de voluntad como pequeños cuernos de toro. Pagamos por descubrir los de otros, para sentirnos honrados si destruimos a quienes dejan lucir los suyos desde abajo. Para reírnos de quienes no pudieron hacer un debido “landscaping” a tiempo. Los que nos hacen recordar que lo que va en nuestro baúl podría salir a podrirse con la misma prontitud. Los secretos son burbujas que se inflan y revientan sin avisar. Nadie nos advierte que nos apesta la lengua, aunque todos tenemos problemas del corazón y la boca.

Vivimos con ellos como vivimos con cicatrices, los escondemos como verrugas con guantes en las manos. Nos visitamos en el punto más oscuro de nosotros donde ahí nos visitan fetiches, caprichos, ocios y vicios, porque todos nos gozamos las ganas de ser unos traviesos de la vida. El hombre quiere vivir como mirando dos espejos que digan cosas distintas, nutriendo expectativas incompatibles de carácter. Para partir en dos la práctica que coopera con la parte más negra del alma, el hombre debe aprender a verse en tercera persona, a velar su mundo en videotape. Para curarnos en ejercicios de auto-programación, es una pelusa que vamos dejando como perros en lo muebles; domando la voluntad insensata que también es toro relinchante, que no sabe andar a paso fino totalmente apaciguado.

Quiero sacar la tinta y hacer tachones porque nadie quiere para siempre sus manchas de petróleo. La mayoría de la gente se arrepiente de sus tatuajes, pero dios sabe lo que hace si nos pone a batallarnos en contra del reloj. Nos puso desnudos en un principio y quisimos taparnos, enterrando a la vez las pepas de nuestra culpa. Dios o quien sea que nos discipline al final hará como hacen los cascanueces. Nos pondrá bajo su lupa para descuartizar la ficción y dejarnos indefensos ante su pulcritud. Del cascarón saldrán hormigas o gargajos porque seguimos siendo humanos. Porque tarde o temprano algo siempre nos delata, hasta el más sigiloso responde en muerte por lo que en vida omitió de su cáscara.  

Silvino EdwardComment