SILVINO EDWARD
SILVINO EDWARD

BLOG

Estas son las vidas tuyas y mias

Los hábitos constructivos son medicina para el corazón. La medicina para el cuerpo es el sueño. Medicina para los demás es bajar la voz. Los demás quieren que seas agradable a pesar de que ellos no sepan serlo.

Hay gente que se mete en problemas sin hacerlos, gente que se mete en problemas sin saberlo. Hay gente que no habla y gente que no deja hablar. Hay gente que desmiente, gente que critica y gente que se acostumbró a mentir que se cree sus mentiras de lo buenas que son. Hay quienes no hablan de otra gente y están los otros. Unos creen en fantasmas, ya la gente no cree en unicornios.

Hay quienes aspiran ser genios sin serlo, y gente de genio sin querer queriendo. En eso de genios, lo importante es continuar y no distraernos. Porque el mundo trata bien a los fajones, más aun a los listos, y mejor a los lindos por alguna razón. Pero no todos obedecen, hay gente de remordimientos que no supo actuar debidamente. Gente de mucha alfombra expertos en errores y secretos, y los que se portan bien cuando nadie los ve, gente con nada que esconder. Algunos siendo adultos aun padecen de niñez que no saben cómo quitarse los pañales de su propia insensatez. Los que dicen “yo sé” ante todo argumento, gente que no sabe que no se puede complacer a todo el mundo todo el tiempo.

Hay quienes viven preocupados y dudosos, los ermitaños que no cultivan la semilla de empatía singular de las buenas madres de familia. No es posible hallarse feliz si no se aprende a por lo menos suponer que los demás también persiguen su propia felicidad. Hay hombres en distintas partes del mundo con la mismita intención de hacer el mal, también hombres que creen que su sentido de justicia nos salvará. Ambos igual de delincuentes para la paz.

El hombre, como árbol, merece la más rica multitud de raíces, y la más desnuda exposición al cielo. Merece de cerca más troncos que lo vean crecer. Sin embargo, no todos somos merecedores de los buenos amigos. No todos sabemos qué no hacer, ni cuando ofendemos, ni cuando dejamos engañar. Cuando le prestamos confianza a las pequeñeces, nos convertimos en tremendos artistas o en terribles comemierdas. El mundo seguirá dando vueltas con todas y cada una de nuestras impurezas. 

Silvino EdwardComment