SILVINO EDWARD
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Batallarnos en contra del reloj

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A todos se nos instala un reloj por dentro y nunca nos enteramos ni cuán rápido pestañea, ni cuando al fin nos paraliza. Nos inventamos relojes para estar toda la vida como peleando cocodrilos. Es la lucha de levantarse anticipando el sol, es sudar el día para entonar la disciplina que condimenta a bellos hombres de bien. Así se tiene con las horas algo establecido que corre hasta su fin, la presunción de no tener tiempo que perder. Porque nadie triunfa ejercitándose hasta el punto de su comodidad.

Para ser maestros de la vida, hay que tomar apuntes desde temprano. Desayunar almendras para sacar la grasa, colocarnos en el spa que es el alba, lo que es el domingo para el resto de la semana. Donde se visita una iglesia de soledad tierna, en silencio, matizando alabanzas de alta productividad.

Es un rio el que hay que cruzar al amanecer para salir del sueño. Porque siempre se aspira a la talla herculina, la disciplina tarda toda una vida en reacomodarse, la fibra de la gran labor humana de malabarismo y balance. Se miden los descansos como se miden hielos en un vaso; para enfriarnos, no hasta el punto de diluir. Porque así se preparan las células para morir menos rápido, para nunca darse de baja de la actividad inspirada de hacer lo que se ama o lo que se aprende a amar. Para no creer en la sanación del planeta, sólo en purificarnos y que los demás sigan en fila. Luego del bautizo, no cambiar de ánimo como la dirección del sol.

Silvino EdwardComment